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    El fanatismo de la certeza

    El fanático no ama una causa: odia cualquier duda.” — Albert Camus

    Vivimos en la era del agotamiento, donde un planeta saqueado por el extractivismo y una atención colectiva colonizada por los techlords han forjado un sistema de dominación dual: el tecno-ecofeudalismo. Este orden no se sostiene solo sobre la explotación, sino sobre un pilar psicológico más profundo: la erradicación sistemática de la duda.

    La sobrecarga de crisis ecológicas y la distorsión algorítmica de la realidad generan una parálisis colectiva, un shock que sofoca la capacidad de imaginar alternativas. En el vacío resultante, florece el fanatismo de la certeza absoluta: un autoritarismo que promete seguridad a cambio de abolir toda pregunta.

    Chile encarna hoy de manera decisiva esta disyuntiva global. La derrota de un progresismo moralizante, pero paralizado, no abrió paso a la construcción de lo común, sino a un proyecto político que ha hecho de la liquidez de la duda su enemigo principal.

    El gobierno de José Antonio Kast no es un mero giro conservador; es la manifestación de un mundo exhausto que, incapaz de curar sus heridas, elige blindarse tras muros de certidumbre impuesta. Su poder reside en una narrativa que transforma la complejidad en caos, y la duda, en traición.

    El Plan Escudo Fronterizo: La dogmática del control

    . La migración se ha convertido en el teatro perfecto para esta doctrina. El “Plan Escudo Fronterizo” no es solo una política; es un manifiesto fanático en acción, donde la duda sobre sus medios o sus fines es tratada como una debilidad moral.

    · La certeza militar-digital: La propuesta de muros, zanjas, drones y radares térmicos bajo “estándares militares” trasciende la seguridad. Es la fusión del dogma autoritario con la lógica extractiva digital. Los seres humanos se reducen a flujos de datos por controlar, biométricamente categorizados.

    La ley asociada, que persigue penalizar el ingreso irregular y elevar el narcotráfico a amenaza a la seguridad nacional, busca fundir en un solo enemigo abstracto toda incertidumbre, eliminando los matices entre el migrante, el traficante y la inseguridad ciudadana.

    . Las métricas como fe: Fijar una meta cuantitativa (“40% menos de flujos en tres meses”) es un acto de fe managerial. Oculta la brutalidad bajo el lenguaje de la eficiencia. El discurso público—carente de matices, sin “permisos, beneficios ni apelaciones eternas”—busca generar la misma parálisis que una noticia catastrófica en redes: el shock que anula el cuestionamiento. La amenaza de negar remesas, salud y educación construye un feudalismo legal donde los derechos son privilegios, y preguntar por la humanidad detrás del estatus, un acto subversivo.

    . La anulación del vínculo: La sugerencia de que el Estado podría asumir el cuidado de los hijos chilenos de familias expulsadas revela la esencia fanática: los lazos humanos son dudas sentimentales ante la pureza del control. Las personas se vuelven unidades separables en nombre de una certeza superior: la del orden.

    La Realidad: El territorio de la duda que persiste

    Sin embargo, el fanatismo choca contra la terco terreno de lo real. Su odio a la duda topa con obstáculos materiales y legales que exponen su dogmatismo como fantasía.

    · La burocracia como herejía: Expertos y hasta el propio equipo técnico reconocen que las metas son “súper difíciles”. La pesada burocracia estatal, los derechos de libre tránsito de comunidades indígenas afectadas por las zanjas y la saturación de las Fuerzas Armadas con tareas administrativas son dudas materiales que la retórica de la eficiencia startup no puede exorcizar.

    · La resistencia legal y comunitaria: La “masiva judicialización” anticipada vía recursos de amparo y el debate parlamentario representan la institucionalización de la duda. Argumentar que criminalizar a cientos de miles colapsaría el sistema penal no es solo una crítica política; es la defensa de la razón frente al dogma.

    El Ciclo del Fanatismo: Del agotamiento a la cruzada

    Este giro es la consecuencia de un ciclo perverso. La derrota de un proyecto que prometía pureza moral da paso a uno que promete pureza de orden, aprendiendo a instrumentalizar el miedo con precisión digital. Es un fanatismo que se alimenta del agotamiento previo.

    Las reformas paralelas—hacer que los trabajadores paguen su propio finiquito, debilitar la defensa laboral, fortalecer las AFP, recortar impuestos a grandes empresas y aplicar una austeridad fiscal brutal—son dogmas económicos que complementan el dogma fronterizo. Transfieren riesgo y recursos de lo colectivo a lo individual, excavando zanjas sociales tan profundas como las fronterizas. La duda sobre la desigualdad es silenciada por la certeza del mercado.

    La Política del Cuidado: El coraje de abrazar la fragilidad

    Frente a este fanatismo de la certeza, la oposición política tradicional es insuficiente. Está emergiendo una resistencia cuyo marco más potente es una política radical del cuidado, que no ofrece dogmas, sino el coraje de habitar la vulnerabilidad y la interdependencia.

    1. Frente al cuidado como coerción, propone un Ingreso Universal para quienes crían y apoyo integral a la primera infancia, desde la concepción y gestación, fortaleciendo vínculos en lugar de romperlos en nombre del orden.

    2. Frente a la austeridad dogmática, defiende sistemas públicos robustos de salud, vivienda y vejez digna, negándose a convertir la necesidad en negocio.

    3. Frente a los dogmas tributarios, plantea una economía que financie el cuidado con un “Fondo Soberano” alimentado por impuestos a las grandes riquezas, digitales y extractivas.

    4. Frente al discurso que odia la duda y divide, propone reparar con justicia histórica y construir plataformas digitales cooperativas, democratizando el espacio donde hoy se siembra el fanatismo.

    Conclusión: La batalla definitiva es epistémica

    La lucha fundamental ya no se traza sobre el eje izquierda-derecha, sino entre dos relaciones antagónicas con la duda.

    De un lado, el tecno-ecofeudalismo autoritario, que odia la duda, la persigue en el migrante, en la complejidad social y en el cuestionamiento ético, reemplazándola con el dogma del control y la extracción.

    Del otro, una sociedad del cuidado radical, que acepta la duda como parte constitutiva de la condición humana y responde no con muros, sino con redes de protección, democratización y reparación.

    El “Plan Escudo Fronterizo” es el diccionario de un fanatismo nuevo, traducido a algoritmos y acero. La pregunta que define nuestra época es si el odio a la duda logrará cementar un nuevo régimen de privilegios, o si, desde el cuidado como ética política, podremos defender el derecho a preguntar, a dudar y, por tanto, a imaginar un futuro común. La derrota de un moralismo paralizante solo tendrá sentido si no da paso al fanatismo de la certeza, sino a la valiente y compasiva democracia de la pregunta.

    Humberto del Pozo López, Magister en Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Católica de Lovaina. Magister en Psicología, Universidad Nacional Autónoma de México

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