El resultado obtenido por Jeannette Jara refleja un conjunto de factores políticos, estratégicos y comunicacionales que, al operar simultáneamente, limitaron el desempeño de su candidatura.
En primer lugar, la ausencia de propuestas capaces de conectar con las mayorías impidió articular un eje temático central que orientara la campaña, lo reflejan los apenas 359 mil votos de diferencia con José Antonio Kast. La reforma de pensiones, planteada como uno de los sellos programáticos, resultó un tema de nicho que no movilizó votantes, especialmente considerando que su principal contendor prometió desmantelarla y aun así mantiene opciones reales de ganar el balotaje.
El relato personal y político de la candidata tampoco logró traducirse en adhesión ciudadana amplia; incluso comunas de menores ingresos se inclinaron por Kast, evidenciando una desconexión entre la narrativa propuesta y las preocupaciones cotidianas del electorado. A ello se suma que la mala evaluación del gobierno entre los votantes comunes se convirtió en un arrastre negativo difícil de revertir, más allá de las defensas públicas del Frente Amplio y su corte.
Desde el punto de vista estratégico, la candidatura no consiguió instalar temas propios y terminó reaccionando a la agenda mediática centrada en seguridad, economía, migración y crisis sectoriales. Este cuadro se vio agravado por una coalición cuyos partidos priorizaron sus disputas parlamentarias —y, en el caso del FA, su proyección hacia 2029— por sobre la campaña presidencial. La estructura territorial tampoco acompañó: alcaldes, concejales y liderazgos locales no lograron movilizar contingentes competitivos.
Además, se repitieron los métodos y lógicas de campaña del voto voluntario pese a que el voto obligatorio ya había demostrado pautas distintas, entre ellas un electorado más pragmático, despolitizado y renovado, con peso creciente de nuevos residentes como la población venezolana. Votos que habría conquistado Franco Parisi. A ello se agrega el impacto negativo de intervenciones del presidente Gabriel Boric, que terminaron favoreciendo al adversario de ultraderecha y relegando a un segundo lugar a Jara en plena campaña.
La imposibilidad de romper los encuadres que la situaban como oficialista y continuista —pese a los intentos de distancia respecto del gobierno— también limitó su capacidad de expansión electoral. La decisión de no confrontar directamente a Kast desde el inicio privó a la campaña de Jara de un posicionamiento nítido contra el populismo y autoritarismo conservador de su rival, una estrategia que recién se activa en el tramo final cuando la ventana de oportunidad parece estrecha. A esto se suma la ausencia casi total de actores sociales relevantes —sindicatos, gremios, organizaciones estudiantiles y comunitarias— que históricamente aportaban capacidad movilizadora.
En perspectiva, las campañas dependen de múltiples factores: candidato, estrategia de campaña, mensaje, contingencias no previstas y dirección del péndulo político. Desde 2022, este último factor se ha inclinado de forma sostenida hacia la derecha tras el plebiscito constitucional. Todo ello configuró un escenario adverso donde varios elementos actuaron simultáneamente sin el mejor desempeño posible.
El balotaje permite revertir el cuadro para Jara, pero no sin antes realizar cambios profundos de campaña que alejen los gladiolos.


