Un inmigrante es una persona que sale de su país de origen y llega a un país distinto al suyo para instalarse por un tiempo indefinido. Lo hace por voluntad propia, buscando mejores condiciones de vida para él y su familia. Lo hace por necesidades imperiosas, muchas veces obligado.
Cuando el inmigrante lo hace con voluntariedad, recaba toda la información posible sobre las leyes del país que ha escogido para emigrar. Y, una vez decidido, realiza las gestiones legales para ser admitido como inmigrante. O sea, está decidido a instalarse allí, dejando atrás el de sus orígenes, el de su cultura, el de sus propios antepasados. Lo hace con dolor y tristeza, pero cargado de ilusión para alcanzar una forma de vida mejor. Por lo tanto, va con la idea de esforzarse por aportar, por ganarse el respeto de los demás, por alcanzar mayor bienestar para él y su familia. Y por qué no decirlo, por dejar en alto el buen nombre de su país.
Por el contrario, la inmigración ilegal es el movimiento migratorio de personas a través de las fronteras, sin atender a los requerimientos legales del país de destino. Incluso, es ilegal aquella persona que sale de su propio país, sin cumplir los trámites legales correspondientes. Estos casos se producen por una necesidad imperiosa humanitaria de salir de su tierra original con la máxima rapidez, sin evaluar riesgos ni obligaciones, producto de persecuciones de tipo político o por razones económicas acuciantes. Pero también los hay que huyen por problemas con la justicia.
Sin duda que los ilegales corren peligro al salir de sus propios países y, más aún, en los de destino, porque no cuentan con permisos de residencia o de trabajo, lo cual constituye una falta grave. Los delincuentes saben que existen leyes comunes entre países para combatir la delincuencia, lo cual les obliga a seguir escondidos, delinquiendo.
Con estos antecedentes podemos afirmar que no todos los inmigrantes son delincuentes. En consecuencia, no se puede estigmatizar a los extranjeros que llegan a un país en calidad de inmigrante, ni menos aún de generalizar criminalizándolos.
Muchos países de destino, elegidos por sus mejores condiciones de vida, necesitan al migrante. Necesitan talentos preparados, formados y reconocidos. Y necesitan también mano de obra para cubrir las plazas que abandonan los habitantes locales por ser trabajos duros o con sueldos menores. Se necesita gente que les llegue a colaborar, a ayudar, a aportar al desarrollo y al crecimiento general.
Con respecto a los inmigrantes que han llegado en oleadas a Chile, podemos decir que ha habido muchos que han entrado ilegalmente al país, violando fronteras y leyes. Ha sucedido por varias razones. Porque en sus respectivos países se viven situaciones socioeconómicas delicadas, porque se han reducido las oportunidades económicas o porque hay persecuciones políticas severas. Y también, porque desde Chile se les ha “invitado” a residir sin mayores trámites, en un gesto de irresponsabilidad política circunstancial. Pero, igualmente en esa oleada ha venido mayoritariamente gente preparada, que puede aportar y que ha buscado su ingreso respetando las leyes chilenas.
A estos les podemos dar las gracias por haber escogido a nuestro país para su residencia tan necesitada. Y debemos señalarles que nuestras leyes son bastante permisivas cuando se hacen dentro del máximo respeto. Y afirmar que nuestra gente les acoge con afecto, no sólo por ser extranjeros, sino porque somos solidarios de verdad. Entiendo la solidaridad sin colores políticos y como una vuelta de mano ante tanta solidaridad que hemos recibido en nuestra Historia.
Decirles que el derecho al voto para ellos es un reconocimiento a quienes han demostrado que desean vivir en nuestro país y trabajar lealmente por su desarrollo. Por lo mismo, considero necesario repetir aquello de que no todos los inmigrantes son delincuentes. Por lo tanto, a los 786.466 extranjeros con derecho al voto en nuestro país, les pido que emitan su voto -que es obligatorio y secreto- que se informen bien sobre las candidaturas que se presentan, las analicen con rigor y que voten en conciencia, pensando no sólo en sus aspiraciones individuales, sino en el futuro general de este país que les acogió solidariamente.


