El 11 de septiembre, una fecha que evoca dolor y reflexión, nos confronta con la memoria de eventos que marcaron a nuestra sociedad. Sin embargo, en un reciente debate presidencial, la historia fue utilizada como una herramienta para el ataque político, despojándola de su valor fundamental. El candidato de ultraderecha, al escuchar una referencia a Hitler, cuestionó a su oponente con un «¿Usted ya había nacido?», insinuando que solo los contemporáneos tienen el derecho de hablar del pasado.
Esta afirmación no es una simple anécdota, sino una táctica peligrosa y recurrente que busca invalidar el conocimiento histórico y socavar el consenso social. Es un intento de borrar la memoria colectiva y reescribir el pasado a conveniencia. Este tipo de discurso es un reflejo de una visión ideológica que, por un lado, glorifica y utiliza fragmentos del pasado para legitimar su agenda, y por el otro, niega la existencia de eventos dolorosos para evadir la responsabilidad y el debate.
La respuesta del oponente, una analogía con Jesucristo, fue un recordatorio simple pero contundente: el conocimiento humano no está limitado por la experiencia personal. El estudio de la historia nos permite aprender de los errores y aciertos de generaciones pasadas, evitando que las tragedias se repitan. La historia no es un libro de cuentos que se puede seleccionar a voluntad, es un conjunto de lecciones cruciales que nos permiten construir un futuro más justo.
Al despreciar la historia y alentar el negacionismo, estos líderes políticos buscan crear una sociedad desmemoriada, vulnerable a la manipulación. Una sociedad que ignora su pasado está condenada a repetirlo. Por eso, es fundamental que en estos tiempos de polarización, defendamos el valor de la historia, la memoria y el debate honesto sobre nuestro pasado. Solo así podremos honrar a aquellos que sufrieron las consecuencias del totalitarismo y evitar que el pasado sea borrado por aquellos que no quieren enfrentarlo.
Tuvimos una dictadura que causó una herida muy profunda en Chile y que algunos quieren relativizar y, amparados en medios de comunicación manejados, buscan torcer la memoria. Así como Santa María, no es posible.


